Expatriación y gestión emocional

Como muchos otros técnicos involucrados en el sector de la ingeniería y la construcción, he tenido que estar trabajando como desplazado en un país extranjero, concretamente en Guatemala. Allí participé en la construcción de una central hidroeléctrica, y estos proyectos no suelen estar en sitios precisamente civilizados. La falta de infraestructuras obligó a montar un campamento en el que estaban nuestros alojamientos, la cocina, el comedor, la lavandería, incluso una clínica con todo lo necesario para poder atender urgencias.

Allí surgieron miles de reflexiones y, en gran medida, la inspiración para tomar el camino en el que me encuentro ahora. No cabe duda que la experiencia profesional y personal ha sido única, impresionante, enriquecedora… pero también surgieron ciertos conflictos que no facilitaron mi estancia en el proyecto. Después de consultar con más compañeros de profesión, vi que no era el único y que se repetían los patrones que os expongo a continuación:

  • Nueva cultura. La llegada a un país desconocido trae, cuanto menos, costumbres diferentes y cierta dificultad en la comunicación. Desde el punto de vista laboral, esto puede causar inconvenientes, ya que las órdenes no se transmiten de la manera adecuada, y el trabajo no siempre se realiza correctamente.
  • Aislamiento. En los emplazamientos situados en lugares inhóspitos (desiertos, selvas, etc.) no existen apenas alternativas para la desconexión y, además, se convive de una manera muy intensa con los compañeros de trabajo.  Esta situación puede llevar a la aparición de episodios de estrés y de enfrentamientos personales.
  • Distancia. Lo habitual es que los proyectos estén a miles de kilómetros de distancia del lugar de residencia, lejos de la familia y amigos. Esto puede generar un déficit en la comunicación y el enfriamiento de las relaciones personales, llevando al expatriado a un sentimiento de soledad.

Con herramientas como la empatía, la gestión emocional o la asertividad, muchos de estos problemas podrían mitigarse o incluso no habrían surgido. Entonces, si hay solución ¿por qué no implementarla?

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