Si hay algo que está presente en nuestra educación, es la típica frase de “tienes que…”. Una frase que en la etapa de aprendizaje es muy necesaria, ya que tanto los padres como los maestros deben servir de mentores, trasladando sus conocimientos y experiencias al niño. Sin embargo, una vez que nos convertimos en adultos, este tipo de mensajes nos siguen llegando por muchas vías, y aquí ya no resulta tan beneficioso.
En muchos casos coarta la libertad de elección, un derecho fundamental del ser humano, y en otros niega la creatividad, aumenta la frustración… Incluso daña nuestra autoestima, haciéndonos retroceder a ese niño que siempre “tenía que hacer” lo que le decían sus padres. La forma de expresarnos, tiene un gran impacto sobre los demás, y sobre nosotros mismos, por lo que sería una gran idea comenzar a tener más cuidado con nuestro lenguaje, evitando los mensajes directivos cuando no son necesarios. Seguro que todos salimos ganando.

